Una nación que se vende los años no tiene ninguno por delante
Sátira. Esto no ha pasado. Aquí lo explicamos. Que nadie se lleve a engaño: un país que pone precio a la vida de sus jóvenes ha dejado de ser un país. Es un negocio con himno. Uno lee el boletín —catorce meses en Madrid, veintidós en Cuenca— y no siente indignación. Uno siente vergüenza; que es peor, porque la indignación
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