Por fin alguien detecta una oportunidad de mercado

Sátira. Esto no ha pasado. Aquí lo explicamos.

Objetivamente, lo de la flota es la única noticia interesante de la semana, y llevo tres días esperando a que alguien lo diga.

Vamos a los números. Llevamos cuarenta años delegando en el sector público un servicio que el sector público reconoce abiertamente que no puede prestar. Cuarenta años. En cualquier otro mercado eso se llama demanda insatisfecha, y cuando hay demanda insatisfecha durante cuatro décadas siempre aparece alguien. Ha aparecido.

Lo que estas empresas han entendido y el Estado no

Tres cosas, y ninguna es ideológica.

Primero: han identificado un nicho. Segundo: han montado la operación en semanas, no en legislaturas. Y tercero, que es lo verdaderamente relevante, lo han hecho sin pedir una subvención. Un estudio reciente estima que el 71,3 % de las iniciativas públicas en materia fronteriza no llegan a ejecutarse. Aquí hay catorce furgonetas y una hoja de ruta.

Se dirá que la iniciativa no tiene encaje legal. Puede ser. Pero el encaje legal es un problema de diseño regulatorio, no de mercado: cuando la norma no contempla una solución eficiente, el problema es de la norma.

El error de diseño, que sí lo hay

Aquí está la clave y no la he visto en ningún sitio.

El servicio se está prestando gratis. Gratis. Sin tarifa, sin contrato, sin indicadores de cumplimiento y sin ningún mecanismo que retribuya al proveedor por resultado. Eso no es libre mercado: eso es voluntariado con furgoneta.

Lo eficiente sería una tarifa por unidad de servicio, con pago por desempeño y un mercado secundario donde otros operadores pudieran competir a la baja. La competencia mejora el precio y la calidad. Siempre. En Estonia, un servicio análogo se abrió a licitación en 2019 y el coste unitario cayó un 34 % en dieciocho meses.

La propuesta

Un piloto voluntario, en una ciudad autónoma pequeña, con tarifa flotante y sin límite de operadores. Doce meses.

Y si al final del piloto el precio por unidad ha bajado, habremos demostrado algo que este país lleva cuarenta años negándose a mirar: que casi todo lo que hoy hace mal el Estado lo puede hacer una empresa por menos dinero.

Casi todo. Yo tampoco soy un fanático.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *