Defensa incluye la ambigüedad calculada entre las capacidades del Reino y todavía es pronto para valorarlo

El café estaba frío y el proyector tardó once minutos en arrancar, que es más o menos lo que necesita cualquier ministerio para que una noticia deje de parecer una noticia. Éramos nueve periodistas. Ocho preguntaron prácticamente lo mismo. Yo no pregunté, porque preguntar ya es empujar hacia un lado, y llevo quince años sin empujar.

La primera diapositiva decía Hoja de ruta hacia el 5%. La segunda decía lo mismo con una flecha. En la tercera apareció la palabra que justifica esta crónica: metodología ampliada.

Conviene situarlo. En la cumbre de La Haya los aliados se comprometieron a llevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB en el horizonte de 2035, con una parte destinada a capacidades militares propiamente dichas y otra a infraestructuras y resiliencia. España parte del porcentaje más bajo de la Alianza. Eso no lo discute nadie en la sala, ni siquiera el ministerio, que lo reconoce con una naturalidad que desarma. Lo que se discute es qué cabe dentro de la segunda parte.

Y dentro cabe, según se explicó, el ánimo.

Lo que entra en el inventario

Un portavoz del departamento —al que no cito porque no me autorizó, y porque citar es también una forma de señalar— desplegó una lista de activos que hasta ahora no computaban y que a partir de ahora sí. La leí dos veces por si había entendido mal. No había entendido mal.

  • Los agentes de la Guardia Civil destinados a tráfico, en tanto que despliegue permanente sobre el territorio con capacidad de control de flujos.
  • El mobiliario urbano antiterrorista de los mercadillos navideños, reclasificado como arquitectura defensiva de baja intensidad.
  • Los simulacros de evacuación de los colegios, computados como formación de la población civil.
  • La red de carreteras, que existía antes pero que ahora existe estratégicamente.
  • La ambigüedad calculada del Reino de España, que figura en la columna de disuasión.

El compañero de la agencia levantó la mano y preguntó cómo se audita la ambigüedad. El portavoz respondió que precisamente ahí residía su valor. Hubo una pausa larga. Yo anoté la pausa, porque las pausas también son fuentes.

El gasto emocional

La cuarta diapositiva traía un gráfico de barras sin números, lo cual desde el punto de vista de la transparencia informativa es discutible y desde el punto de vista del diseño es una decisión. La barra alta correspondía al concepto compromiso percibido. La baja, al gasto ejecutado. Entre las dos, una tercera barra de trazo discontinuo que nadie supo explicarme del todo y que llevaba por título disposición.

Una fuente del entorno del ministerio, a la que conozco desde hace años y a la que por eso mismo no puedo nombrar, me lo resumió después en el pasillo:

El problema nunca fue el porcentaje. El problema es que solo contábamos lo que se compra. Un país también se defiende con lo que está dispuesto a sentir si le tocan.

No tengo forma de contrastar esa frase con una segunda fuente, así que la dejo aquí sin valorarla. Que cada cual la lea como quiera. Yo no soy quién.

Lo que sí puedo sostener es que la palabra voluntad apareció catorce veces en cuarenta minutos, y que la palabra euros apareció dos, ambas para decir que los euros no lo son todo. Conté ambas cosas con la misma diligencia, porque contar solo una sería inclinar la balanza.

El momento en el que la crónica se me complicó

Al terminar, un asesor se me acercó con la cordialidad de quien va a decirte algo que no te va a gustar. Me felicitó por la cobertura. Después me dijo que mi trabajo aparecía mencionado en el anexo de resiliencia informativa, en el epígrafe de capacidades no cinéticas.

Le pedí ver el anexo. Me dijo que el anexo tiene la consideración de documento de trabajo.

Le pregunté, ya sin cuaderno, en qué consistía exactamente la aportación. Me explicó que un ecosistema mediático capaz de sostener durante años que todas las posiciones tienen su parte de razón genera una opacidad estratégica que ningún adversario puede modelizar. Que hay países que invierten fortunas en confundir al enemigo y que aquí eso se produce solo, de manera endógena, sin coste para el contribuyente.

Lo dijo como un elogio. Yo lo recogí como un dato.

Queda pendiente

Volví a la redacción con tres certezas y ninguna conclusión, que es la proporción a la que aspiro. La primera: el compromiso del 5% para 2035 existe y está firmado. La segunda: España sale del vagón de cola y lo reconoce. La tercera: la distancia entre lo uno y lo otro se va a rellenar con algo, y ese algo todavía se está definiendo en un anexo que no me dejan leer.

Llamé al ministerio para preguntar si el gasto emocional se revisará al alza en caso de tensión internacional. Me remitieron a un correo. El correo me remitió a la nota de prensa. La nota de prensa dice que España cumplirá.

He consultado a ambas partes. Una no ha contestado. La otra ha contestado que consulte a la otra.

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