La natalidad marca otro mínimo histórico y el INE quiere censar perros: llevo desde el máster avisando de que esto era un problema de incentivos

Cuando leí que el INE se plantea empezar a contar a los perros como españoles para cuadrar la pirámide de población, mi primera reacción no fue de sorpresa. Fue de reconocimiento. Llevo desde que terminé el máster diciendo que este país iba a acabar resolviendo sus problemas estructurales con un truco de hoja de cálculo, y aquí estamos, con un censo de mascotas registradas que ya supera al de menores de catorce años en varias comunidades y con un organismo público mirando ese dato de reojo y pensando lo mismo que pensaría cualquiera con formación en gestión: lo tenemos delante, solo hay que reclasificarlo.

Que conste que la propuesta me parece limitada, no equivocada. Limitada. Si vamos a ampliar el concepto de ciudadano por criterios de convivencia y gasto asociado, no veo por qué pararse en los perros.

Lo que aprendí en el máster sobre la pirámide de población

En el máster nos enseñaron que toda pirámide invertida es, en el fondo, un problema de incentivos mal diseñados. La gente joven de este país no tiene hijos porque nadie le ha explicado el retorno. Se les ha hablado de emociones, de proyecto vital, de acompañamiento. A mí eso, sinceramente, no me mueve. A mí me mueve una tabla.

Un hijo, bien planteado, es el activo con mayor horizonte temporal al que puede acceder un particular. Rendimiento a treinta años, revalorización garantizada, cuidados en la vejez incluidos en el paquete. Un perro te da doce años y no cotiza. Y aun así el país está eligiendo el perro. Eso no es un problema económico. Eso es un problema de lectura.

Lo digo sin ánimo de ofender a nadie: si la gente con menos recursos leyera más, tendría más hijos. Hay literatura sobre esto. Yo tengo una estantería entera y he tenido cero hijos, lo cual demuestra que el conocimiento hay que aplicarlo, no solo acumularlo, y ese es exactamente el punto que llevo defendiendo en mis últimas once presentaciones.

Los sueldos no son la explicación, y lo sé por experiencia propia

Cada vez que saco este tema aparece alguien diciendo que la gente no tiene hijos porque cobra poco. Me hace gracia porque yo, ahora mismo, cobro cero. Cero euros. Estoy fundando mi duodécima empresa y me he asignado un sueldo de cero para no descapitalizar el proyecto en fase semilla. ¿Y me quejo? No. Me organizo.

Vivo en un piso compartido con dos personas a las que conocí en una aplicación, tengo cuarenta y un años y lo he elegido yo, porque un alquiler individual en esta ciudad me habría obligado a aceptar un empleo por cuenta ajena y eso me habría desviado de mi tesis. La habitación es interior, lo cual reduce distracciones. Duermo cinco horas y no lo recomiendo a todo el mundo, solo a quien quiera resultados.

El dinero nunca ha sido el obstáculo. El obstáculo es que hemos convertido la maternidad en un gasto en lugar de en una posición.

Mis becarios, por cierto, entienden esto perfectamente. Les pago en visibilidad y en acceso a mi red, que es un activo que ellos todavía no saben valorar porque son muy jóvenes, y ninguno de ellos ha tenido hijos tampoco, lo cual confirma que el problema es generacional y cultural.

Once medidas, una por empresa

Si el INE quiere apuntarse a la creatividad estadística, que se apunte, pero que lo haga con método. Yo lo he estructurado así:

  • Contabilizar a los perros como españoles, pero con derechos limitados y sin derecho a voto, para no distorsionar la muestra.
  • Contabilizar también a los gatos, ponderados al 0,6 por su menor dependencia del cuidador.
  • Crear un mercado secundario de expectativas de natalidad donde se pueda tomar posición sobre nacimientos futuros.
  • Sustituir las ayudas directas por formación en mentalidad de crecimiento familiar.
  • Ofrecer un plan de suscripción mensual con maternidad incluida y cancelación en cualquier momento.
  • Reconvertir las guarderías en aceleradoras.
  • Publicar un ranking público de comunidades por hijos por habitante y gamificarlo.
  • Permitir que las empresas compensen su ausencia de plantilla joven con hijos de terceros.
  • Repartir bibliografía en los centros de salud.
  • Sustituir la palabra hijo por unidad de crecimiento a largo plazo en toda comunicación institucional.
  • Y una que todavía no puedo detallar porque está en fase de registro.

El perro como caso de estudio

Me he pasado la semana observando al perro de mis compañeros de piso, que se llama Nacho y que técnicamente ya cuenta más para la pirámide de población de esta comunidad que un niño que no ha nacido. Nacho no aporta al PIB. Nacho no cotiza. Nacho ha destrozado un cargador. Y sin embargo tiene cama propia, seguro contratado y un presupuesto anual asignado que mis compañeros no discuten jamás, mientras que llevan dos años diciendo que un hijo es inviable con lo que ganan.

Ahí hay una incoherencia que yo, como analista, no puedo pasar por alto. La gente sí tiene dinero. Lo que pasa es que lo está asignando mal. Se lo está gastando en un ser vivo que le da alegría inmediata en lugar de en uno que le dará estructura demográfica dentro de treinta años.

El INE hará lo que tenga que hacer y el censo saldrá cuadrado, que es de lo que se trata. Yo, mientras tanto, tengo una llamada el jueves para presentar la duodécima empresa, que va justamente de esto y que no puedo describir todavía. Solo diré que Nacho está en el pitch.

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