Un ilustrador de Cuenca intenta darse de baja de una suscripción anual de programas de diseño y sale con dos años más de contrato

Darse de baja de una suscripción anual de programas de diseño le ha costado a Raúl Escribano, ilustrador conquense de 38 años, cuatro horas y doce minutos de teléfono, tres ofertas de retención, un cuestionario de satisfacción y, finalmente, una renovación de dos años más que, según fuentes de la compañía, aceptó «por voluntad propia» al pulsar la tecla 5.

Escribano había decidido cancelar el lunes, después de ver en redes un vídeo sobre programas gratuitos que imitan a los de pago y que, según el vídeo, alguien está rehaciendo uno a uno con inteligencia artificial. «Pensé: esto lo arreglo en cinco minutos y me ahorro trescientos euros al año», relata desde su estudio de la calle Carretería, donde todavía conserva el auricular pegado a la oreja por costumbre.

Darse de baja de una suscripción anual de programas de diseño, paso a paso

El proceso comenzó en la web, donde el botón de cancelar aparecía, según Escribano, «en gris clarito, debajo de un banner, dentro de un desplegable que se llamaba Más opciones de tu plan». Tras localizarlo, el sistema le ofreció un 40 % de descuento durante dos meses. Lo rechazó. Le ofreció entonces tres meses gratis. También lo rechazó. La tercera oferta fue una videollamada con «un asesor creativo» para «redescubrir todo lo que aún no has explorado».

«Ahí me derivaron al teléfono», explica. La llamada, que la empresa grabó «con fines de calidad», pasó por cuatro agentes distintos. El segundo le preguntó si había probado a reiniciar el ordenador. El tercero le recordó que su plan era anual con pago mensual y que, por tanto, cancelar antes de tiempo tenía «una pequeña penalización», cuyo importe no supo precisar pero que describió como «más o menos lo que te queda».

La tecla 5

Pasadas tres horas, una locución automática le pidió que pulsara 4 para confirmar la baja o 5 para «seguir creando sin límites». «Yo estaba ya medio dormido y le di a lo que tenía el dedo encima», reconoce. A los pocos segundos recibió un correo con el asunto «¡Bienvenido de nuevo, Raúl!» y la confirmación de una renovación hasta octubre de 2028.

La compañía, que ha preferido no ser identificada, asegura en un comunicado que el proceso de baja «es sencillo, transparente y está diseñado para que el cliente tome la mejor decisión», y añade que el 97 % de los usuarios que intentan cancelar «acaban encontrando motivos para quedarse», cifra que atribuye «a la calidad del producto».

Un caso que no es el primero

El Observatorio de Hábitos de Suscripción, entidad con sede en Albacete de la que esta redacción no había oído hablar hasta el martes, calcula que un usuario medio dedica al año 9,3 horas a intentar darse de baja de servicios que no usa. «Es más tiempo del que dedica a usar esos servicios», señala su portavoz, Inmaculada Ferrándiz, que recomienda «hacer las bajas en ayunas y con un vaso de agua cerca».

La situación tiene precedentes reales al otro lado del Atlántico: una gran empresa de software de diseño cerró en marzo de 2026 un acuerdo de 150 millones de dólares con el Gobierno de Estados Unidos por sus penalizaciones de cancelación, sin reconocer haber infringido la ley y comprometiéndose a ofrecer «formas sencillas» de darse de baja.

Escribano, por su parte, ha instalado los programas gratuitos del vídeo y asegura estar «muy contento». Los usa por las tardes, mientras espera en línea a que le atiendan para cancelar la renovación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *