Treinta y nueve universidades privadas y todavía hay quien pregunta por los hospitales

El cartel nuevo estaba puesto, pero mal. Debajo de las letras doradas de la universidad todavía se leía, en vinilo azul y a medio despegar, «PREPARAMOS TU PLAZA EN CORREOS». Nadie más pareció verlo. Yo sí lo vi, y me pareció la imagen más esperanzadora que he presenciado en años: un edificio reciclándose solo, sin subvención, respondiendo a la demanda como un organismo vivo. En mi máster a eso lo llamamos reasignación eficiente de activos. Fuera del máster lo llaman «han cambiado el rótulo».

Éramos unas cuarenta personas en la inauguración. El rector cortó la cinta con unas tijeras que alguien tuvo que ir a buscar a la papelería de al lado, y anunció que la nueva facultad de Medicina empezaría a impartir clase en septiembre. Cuando llegó al asunto de las prácticas dijo, con una serenidad que a mí me pareció de manual, que los convenios estaban «en proceso, con centros por confirmar». Un periodista de la fila de atrás soltó una risa por la nariz. Yo aplaudí. Fui la única, y aguanté aplaudiendo tres segundos más de lo cómodo, porque las señales de mercado hay que emitirlas aunque nadie las esté leyendo.

Lo que ese señor acababa de decir

Traduzco, porque veo que hace falta. «Centros por confirmar» no significa que no haya hospitales. Significa que todavía no se ha descubierto el precio. Y descubrir el precio es exactamente lo que hace un mercado cuando funciona: alguien lanza una oferta, el sistema responde, y de esa fricción sale la información que ningún ministerio ha sabido producir en cuarenta años de planificación.

La conferencia de decanos de Medicina lleva tiempo advirtiendo de que España tiene ya más facultades que capacidad de dar prácticas clínicas, y que abrimos titulaciones a un ritmo que no acompañan ni las plantillas ni las camas. Los rectores de las públicas, agrupados en la CRUE, han pedido moratorias, informes, criterios. Han pedido, en resumen, que se deje de abrir. Yo he leído esos informes. Los he leído enteros, cosa que dudo que hayan hecho quienes los citan en las tertulias.

Y mi lectura es la contraria. Si tenemos escasez de plazas de prácticas, lo que falta no son restricciones a quien quiere entrar. Lo que falta es más gente compitiendo por resolverla.

Uno de mis profesores lo decía siempre: «cuando veas una cola, no prohíbas la cola, monta el segundo mostrador». Nunca se me ha olvidado.

El error de seguir midiendo esto en hospitales

Aquí está el punto ciego de todo el debate, y me sorprende que nadie lo haya señalado antes que yo. Se sigue asumiendo que un estudiante de Medicina necesita un hospital físico, con su parking, su cafetería y su edificio de los años setenta. Es una asunción heredada. Nadie la ha vuelto a examinar.

El hospital es infraestructura pesada. Y toda infraestructura pesada acaba desagregándose en servicios más pequeños y más baratos. Ha pasado con los servidores, con las oficinas, con los coches. No entiendo por qué la formación clínica iba a ser la única excepción del universo conocido.

Modelo heredado Modelo que propongo
Hospital público con plazas limitadas Red distribuida de centros por confirmar
Plaza asignada por convocatoria Plaza asignada por disposición a pagar
Tutor clínico con contrato Tutor clínico con participación en la ronda
Seis años de carrera Seis años de carrera, pero con mentalidad de producto

Enseñé esta tabla a un amigo que es médico. Me dijo que no. Le pregunté si lo decía por convicción o por incentivos, porque él ya tiene su plaza y a los que ya están dentro les conviene que no entre nadie más. Se quedó callado. No sé si porque le di, o porque estaba operando.

Las once ideas que sí resolverían esto

Tengo once empresas creadas. Ninguna ha facturado todavía, y eso es una decisión estratégica: estoy esperando a que el mercado madure, que es lo que hace la gente que entiende de ciclos. Tres de ellas atacan justo este problema.

  • Una plataforma que empareja estudiantes con centros sanitarios en tiempo real, tipo mercado de dos lados. Ya tengo el nombre. Lo del producto viene después, siempre.
  • Un sistema de reputación para tutores clínicos, con estrellas. Si un tutor enseña mal, baja de puntuación y deja de recibir estudiantes. El propio sistema se limpia solo, sin inspecciones.
  • Bonos de prácticas transferibles: al que le toque una plaza y no la quiera, que la venda. Al que la necesite de verdad, que puje. Y así, por primera vez, sabríamos cuánto vale realmente estar seis meses en una planta.

Sé lo que me van a contestar. Que un estudiante de familia sin recursos no podría pujar. Y ahí es donde me distancio del análisis fácil. Yo no creo que a esa persona le falte dinero. Le falta información, y sobre todo le faltan lecturas. He conocido a poquísima gente con problemas económicos serios que hubiera leído a los autores adecuados. La correlación es tan brutal que a veces me da apuro señalarla en público.

La cinta, otra vez

Al terminar el acto me acerqué al rector. Le dije que tenía un modelo financiero de tres escenarios para su facultad de Medicina y que se lo pasaba sin compromiso. Me dio las gracias con esa cara que ponen los que van a leerlo. Luego le pregunté si el aula grande, la del fondo, se podía alquilar los jueves por la tarde para un evento de networking que estoy montando.

Me dijo que sí, que por supuesto, que el aula grande estaba libre prácticamente todo el curso.

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