Un asedio cumple 30 años y los vecinos piden que, ya que están, arreglen la acera
La asociación de vecinos de la zona amurallada ha registrado un escrito con motivo del trigésimo aniversario del cerco en el que, sin entrar a valorar la situación militar, solicita que se aproveche la coyuntura para acometer mejoras en el pavimento.
«No venimos a quejarnos del asedio», aclara el escrito en su primer párrafo. «Venimos a recordar que la acera de la calle de la Muralla lleva sin arreglarse desde antes del asedio.»
Una convivencia asentada
Consultados sobre la presencia continuada del campamento enemigo, los firmantes reconocen que la situación ha dejado de sorprenderles.
«Al principio te asomas todos los días», explica uno de los portavoces, nacido dos años después del inicio del cerco. «Luego te asomas los domingos. Y luego ya solo cuando se oye algo raro.»
La asociación matiza que no mantiene trato con los sitiadores, aunque admite que «se les reconoce a algunos de vista».
El ruido de los túneles
El punto que concentra la mayoría de las firmas es acústico.
La labor de zapa del ejército sitiador y la excavación de contraminas por parte de la guarnición se realizan de forma continuada, incluida la franja nocturna, y generan un golpeteo constante bajo los edificios.
«Entiendo que nos están defendiendo», señala el escrito. «Pero si pudieran picar a partir de las ocho, se agradecería.»
Desde la comandancia se respondió que la actividad subterránea no admite horarios, ya que depende de dónde pique el contrario.
Otras peticiones recogidas
El documento incluye un anexo con solicitudes menores acumuladas durante las tres décadas: reposición de dos farolas, poda del arbolado del adarve y señalización de la zona en la que «no conviene asomarse».
Se solicita asimismo que, en caso de que el asedio concluya, se comunique a los vecinos «con cierta antelación», para poder organizar algo.
Perspectivas
Preguntados por sus expectativas, los firmantes se muestran prudentes.
«Mi padre decía que esto no duraba ni dos años», concluye el portavoz. «Y mi padre ya no está.»