Hombre diagnosticado con Depresión Postparto tras pasar cuatro horas defecando

Un hombre fue ingresado en el hospital tras de Highland, en Nueva York, por complicaciones a la hora de evacuar. Pasó más de tres horas en la sala de partos siendo asistido por profesionales en Proctología y Obstetricia. Poco después, la depresión lo llevó a un psicólogo, quien determinó que se trataba de una depresión postparto.

Samuel Dabrewski, de 38 años de edad, se encuentra en tratamiento psicológico para intentar superar la depresión que padece tras haber “parido” dos kilogramos de heces fecales con ayuda de médicos proctólogos y obstetras. La Escuela de Psicología de la Universidad de Columbia ha visto en Sam un tema de estudio sobre la posible relación afectiva que puede desarrollar una persona con su materia fecal.

Este no es realmente Samuel Dabrewski

Este no es realmente Samuel Dabrewski

“Es un tema complejo, habíamos visto algún caso aislado pero nunca tan claro. Inicialmente pensamos que era un mal diagnóstico de un psicólogo mediocre, pero tras entrevistar a Samuel y hacerle distintas pruebas, pudimos comprobar que efectivamente todos los indicios eran idénticos al que sufren las madres poco después de dar a luz. Nos ha dejado boquiabiertos”.

Tras preguntar a Dabrewski por su situación y a lo que pudo haberla producido, esto es lo que ha comentado entre lágrimas:

“Simplemente comí demasiado. Nunca había comido tanta pizza de pepperoni en mi vida. No solo eso, sino que es la mejor pizza que he comido en años. Nunca la olvidaré.”

Dabrewski, con un rostro realmente dramático y tras haber adelgazado doce kilos tras esta experiencia (ahora solo pesa 122 kgs), agregó más sobre la experiencia vivida y su estado emocional:

“Fue muy doloroso, pero a la vez muy bonito. Todo se debió a que la chica con la que estaba saliendo desde hace solo un par de semanas se quedó unos días en casa, por primera vez. Me daba vergüenza ir al baño, porque sabía que todo lo que había comido podía hacer un verdadero show a puertas cerradas, así que aguanté durante todo el tiempo que estuvo durmiendo conmigo. Luego, era simplemente demasiado lo acumulado”.

Su gran capacidad física le permitió aguantar todos esos días sin defecar y sin parar de comer sus enormes porciones habituales de alimento. Luego se formó esta “criatura” de exactamente 2,4 kgs, de la que luego no se quería despegar.

Los médicos insistieron en que no era sano conservar heces dentro de la casa, y mucho menos esa cantidad. Pero él la veía como un hijo. Aún no lo supera y tiene que verse dos veces por semana con psicólogos, que esperan dar con una solución a su problema eventualmente.

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